Cierta tarde Ruperto se encontraba dialogando con sus compadres en una cantina del pueblo, les comentaba:

Ya no soporto a mi mujer, siempre me está pegando, o reclamando, de todo se enoja. A lo que sus compadres contestaron:

Te vamos a recomendar que hagas esto, cuando te este regañando has como que tu también le pegas, te haga lo que te haga, tu grítale.

Llega Ruperto a su casa acompañado de sus compadres (ellos lo esperan afuera) en eso se escucha el alegato de cómo Ruperto le grita a su mujer, en eso su mujer lo agarra y lo avienta por la ventana y los compadres lo ven salir volando y Ruperto gritando:

¡Y no me detengas!

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